Una ficha de proceso es el documento de una página que caracteriza un proceso: su objetivo, su dueño, dónde empieza y dónde termina, qué entradas recibe y de quién, qué salidas entrega y a quién, con qué recursos opera y con qué indicadores se controla. No describe cómo se hace: describe qué es.
En la práctica ecuatoriana
La distinción que decide la utilidad del documento es entre ficha y procedimiento. La ficha caracteriza: define el proceso, sus límites y su control. El procedimiento instruye: dice paso a paso cómo se ejecuta. Cuando la ficha empieza a describir pasos, se convierte en un procedimiento mal escrito y pierde su función, que era precisamente permitir ver el proceso completo en una página.
Los campos que no pueden faltar son ocho. Objetivo: para qué existe el proceso, en una frase. Dueño: un cargo, no un área —«jefe de bodega», no «logística»—, porque un proceso sin nombre propio no tiene quién responda. Alcance: dónde empieza y dónde termina, que es el campo que resuelve la mitad de los conflictos entre departamentos. Entradas y proveedores. Salidas y clientes, internos o externos. Recursos: personas, equipos, sistemas. Indicadores con su meta y su frecuencia. Y documentos asociados: procedimientos, instructivos y registros que dependen de esta ficha.
La relación con el SIPOC confunde a quien llega desde la mejora de procesos, y es simple: el SIPOC es una herramienta de análisis rápida para acotar un proceso al inicio de un proyecto; la ficha es un documento de gestión permanente, que se aprueba, se versiona y se audita. El SIPOC suele ser el punto de partida de una ficha, no su reemplazo.
La patología que se repite en las empresas ecuatorianas con sistema de gestión es reconocible al primer vistazo: fichas escritas para la auditoría. Se elaboran en un ejercicio documental, se aprueban, se archivan y nadie vuelve a mirarlas hasta la siguiente auditoría, momento en el que se actualizan las fechas. La señal de alarma es directa: si los indicadores de la ficha no se reportan en ninguna reunión de gestión, la ficha no está viva. Y una ficha muerta es peor que no tenerla, porque documenta un proceso que ya no es el que se ejecuta.
Dos criterios prácticos para que rinda. El primero: una ficha por proceso del mapa, no por procedimiento ni por área. Si una empresa mediana termina con ochenta fichas, el problema no es documental, es que confundió proceso con actividad. El segundo: los indicadores no se inventan al final. La pregunta que los ordena es qué tendría que ver el dueño del proceso para saber, sin preguntar a nadie, si su proceso está funcionando. Si la respuesta no cabe en dos o tres indicadores, el alcance del proceso está mal definido.
Ejemplo
Una empresa importadora de Quito arrastra un conflicto recurrente entre Compras y Bodega por las recepciones incompletas: cada área sostiene que la verificación es responsabilidad de la otra. La ficha del proceso Abastecimiento lo resuelve sin necesidad de una reunión más, porque obliga a escribir tres campos que nadie había escrito. Alcance: empieza con la requisición aprobada y termina con la mercancía ingresada al sistema y conforme; la gestión posterior del reclamo al proveedor pertenece a este proceso, no a Bodega. Dueño: jefe de compras. Indicadores: porcentaje de recepciones conformes a la primera, plazo entre requisición e ingreso, y desviación de precio contra la orden. Con el alcance definido, el conflicto desapareció: no porque alguien ganara la discusión, sino porque quedó escrito dónde termina el proceso y quién responde por su resultado. Es el uso real de una ficha, y ocupa una página.
Términos relacionados
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¿Qué es una ficha técnica de un proceso?
El documento de una página que caracteriza el proceso: objetivo, dueño, alcance, entradas y proveedores, salidas y clientes, recursos, indicadores con meta y frecuencia, y documentos asociados. No describe cómo se ejecuta —eso es el procedimiento—, sino qué es el proceso y cómo se controla.
¿Qué debe contener la ficha?
Ocho campos: objetivo en una frase, dueño expresado como cargo y no como área, alcance con inicio y fin explícitos, entradas y proveedores, salidas y clientes, recursos, indicadores con meta y frecuencia, y documentos asociados. El campo de alcance es el que resuelve la mayoría de los conflictos entre departamentos.
¿Cómo hacer fichas de procesos?
Una por proceso del mapa, no por actividad ni por área. Se empieza definiendo el alcance —dónde empieza y dónde termina— y el dueño, y se cierra con los indicadores, respondiendo qué tendría que ver ese dueño para saber, sin preguntar a nadie, si el proceso funciona. Si eso no cabe en dos o tres indicadores, el alcance está mal definido.
