Los alérgenos alimentarios son componentes de un alimento capaces de desencadenar una reacción inmunológica adversa en personas sensibilizadas, incluso en cantidades muy pequeñas. En gestión de inocuidad no se tratan como un riesgo de calidad sino como un peligro para la salud: se identifican, se separan físicamente y se declaran en la etiqueta.
En la práctica ecuatoriana
Desde julio de 2025 el control de alérgenos dejó de ser una buena práctica opcional y pasó a ser un requisito escrito de Buenas Prácticas de Manufactura. La Resolución ARCSA-2025-007-DASP (Registro Oficial 77 de 9 de julio de 2025), en su Art. 49, sustituye el numeral 11 del Anexo 1 —Del aseguramiento y control de calidad e inocuidad— e incorpora el literal f) con este texto:
«Se debe establecer un sistema de control de alérgenos orientado a evitar la presencia de alérgenos no declarados en el producto terminado y cuando por razones tecnológicas no sea totalmente seguro, se debe declarar en la etiqueta de acuerdo a la norma de rotulado vigente.»
Conviene leer despacio esas dos líneas, porque contienen el orden de prioridades completo. Lo primero que exige la norma no es advertir, es evitar: el sistema se orienta a que el alérgeno no declarado no llegue al producto terminado. La declaración en etiqueta aparece en segundo lugar y solo para el caso en que, por razones tecnológicas, la separación no sea totalmente segura. La leyenda preventiva del tipo «puede contener trazas de…» no es, por tanto, un atajo válido para ahorrarse el control: es el recurso final cuando el control ya se aplicó y aun así queda riesgo residual.
En una planta ecuatoriana el control de alérgenos se juega en cuatro decisiones muy concretas. La declaración de la formulación: qué alérgenos entran realmente, incluidos los que llegan escondidos en una materia prima comprada —una premezcla, un saborizante, un colorante—. La separación: almacenamiento por debajo de los productos sin alérgeno, utensilios identificados por color, líneas dedicadas cuando el volumen lo permite. La secuencia de producción: el lote con alérgeno se programa al final del turno, no al principio. Y la limpieza validada entre lotes, que es el punto donde más implantaciones fallan, porque se declara el procedimiento pero no se demuestra que elimina el residuo.
El error de encuadre más común es tratar el alérgeno como una variante de la contaminación cruzada microbiológica. No lo es: el peligro microbiológico se reduce con temperatura y desinfección, y el alérgeno no. Una proteína alergénica sobrevive a la cocción y a la desinfección química; lo único que la elimina es la remoción física del residuo. Un plan de limpieza diseñado contra microorganismos puede dejar la superficie sanitariamente conforme y alergénicamente contaminada.
Ejemplo
Una planta de snacks en Guayaquil produce en la misma línea un maní confitado y, a continuación, una galleta de arroz que se vende como libre de alérgenos. El procedimiento de limpieza entre productos era el de siempre: barrido, agua caliente y desinfectante. La auditoría interna pide la validación de esa limpieza y aparece el hueco: nadie había medido si quedaba proteína de maní en la superficie. La corrección no fue comprar un equipo nuevo. Fue reordenar tres cosas: secuenciar la galleta antes del maní en el programa semanal, incorporar un enjuague final con verificación por hisopado de proteína, y corregir la etiqueta mientras la validación no estuviera cerrada. Coste marginal, riesgo cerrado y —lo que importa a la gerencia— una decisión que se puede defender ante el cliente y ante la autoridad con evidencia, no con una declaración de intenciones.
La lista de alérgenos que se declara no es universal ni caprichosa: cada mercado de destino tiene la suya. Si el producto se exporta, la formulación se revisa contra la lista del país comprador antes de imprimir la etiqueta, no después del primer rechazo en frontera.
Términos relacionados
- Contaminación cruzadaLa contaminación cruzada es la introducción involuntaria de agentes físicos, biológicos o químicos en un alimento por corrientes de aire, traslado de materiales, alimentos contaminados o circulación de personal, entre otros factores que comprometen su higiene e inocuidad.
- Buenas prácticas de almacenamientoLas buenas prácticas de almacenamiento son el conjunto de condiciones y procedimientos que mantienen la calidad e inocuidad de un producto mientras está bajo custodia: instalaciones aptas, control de temperatura y humedad, rotación por lote, separación de incompatibles, control de plagas y trazabilidad hacia adelante y hacia atrás.
- Método FIFO (PEPS)El método FIFO —first in, first out; en español PEPS, primeras entradas, primeras salidas— es la regla de rotación por la cual lo primero que entra al almacén es lo primero que sale.
- Manejo integrado de plagasEl manejo integrado de plagas es la estrategia que combina prevención, monitoreo y control para mantener las poblaciones de plagas por debajo del nivel de daño, usando el plaguicida como último recurso y no como primera medida.
- Actividad de agua (Aw)La actividad de agua (Aw) es la cantidad de agua disponible en un alimento para el crecimiento de microorganismos.
¿Cuáles son los 14 alérgenos alimentarios?
La lista de catorce es la de la Unión Europea: cereales con gluten, crustáceos, huevos, pescado, cacahuetes, soja, leche, frutos de cáscara, apio, mostaza, granos de sésamo, dióxido de azufre y sulfitos, altramuces y moluscos. Es la referencia habitual del sector, pero cada mercado de destino define la suya: la formulación se revisa contra la lista del país comprador antes de imprimir la etiqueta.
¿Qué es un alérgeno y ejemplos?
Es un componente del alimento que desencadena una reacción inmunológica adversa en una persona sensibilizada. Ejemplos frecuentes en la industria ecuatoriana: leche y derivados, huevo, maní y otros frutos secos, soja, trigo, pescado y crustáceos. También llegan de forma indirecta, dentro de premezclas, saborizantes o colorantes comprados a un proveedor.
¿Cómo se controla un alérgeno en planta?
Declarando la formulación real —incluidos los alérgenos ocultos en materias primas—, separando almacenamiento y utensilios, secuenciando la producción para dejar el lote con alérgeno al final del turno y validando la limpieza entre lotes. La desinfección no destruye la proteína alergénica: solo la remoción física del residuo elimina el peligro.
