La enfermedad cardiovascular no aparece en el listado de enfermedades profesionales, y por eso muchas empresas la tratan como un asunto privado del trabajador. Es un error de gestión: es una de las principales causas de ausentismo prolongado, de pérdida de aptitud para puestos críticos —conducción, alturas, espacios confinados— y del evento que ninguna organización quiere enfrentar, la emergencia médica en plena jornada.
La buena noticia es que el riesgo cardiovascular a diez años se puede estimar sin un solo examen de sangre, con datos que la empresa ya tiene en la ficha médica ocupacional. Esta guía explica qué método rige en Ecuador, cómo se lee el resultado y qué hacer con él dentro de la vigilancia de la salud.
Qué método rige en Ecuador: Globorisk, no Framingham
Este es el punto donde se equivoca la mayor parte del contenido que circula. La herramienta que recomienda el Ministerio de Salud Pública del Ecuador no es Framingham —la escala estadounidense que se sigue citando por costumbre— sino Globorisk.
La Guía de Práctica Clínica de Hipertensión Arterial del MSP (Dirección Nacional de Normatización, 2019) lo dice de forma expresa: recomienda la estimación del riesgo cardiovascular a diez años de Globorisk porque fue elaborada en población multiétnica, permite hacer el cálculo aun sin contar con valores de laboratorio y está calibrada para Ecuador. Los Lineamientos operativos para la implementación de la Iniciativa HEARTS del propio MSP (2021) ratifican esa recomendación y remiten a la misma guía.
La guía incluye dos anexos con las tablas: el Anexo 6 es la versión sin exámenes de laboratorio y el Anexo 7 la versión con laboratorio, que reemplaza el índice de masa corporal por el colesterol total y el diagnóstico de diabetes.
Las cinco variables del modelo sin laboratorio
La tabla sin laboratorio del Anexo 6 se construye con cinco datos, y solo cinco:
- Edad, en bandas de cinco años, de 40 a 74.
- Sexo, con tabla propia para hombres y para mujeres.
- Presión arterial sistólica, en cuatro niveles: 120, 140, 160 y 180 mmHg.
- Índice de masa corporal, en cuatro niveles: 20, 25, 30 y 35 kg/m².
- Condición de fumador, sí o no.
Ese es exactamente el motivo por el que este modelo encaja tan bien con la salud ocupacional: la evaluación médica ocupacional ya toma la presión arterial, ya registra peso y talla —de donde sale el IMC— y ya pregunta por el consumo de tabaco. El tamizaje cardiovascular de toda la nómina no requiere un solo examen adicional, solo ordenar información que ya se levantó.
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Conversar por WhatsAppCómo se lee el resultado
El resultado es la probabilidad de sufrir un evento cardiovascular en los próximos diez años, expresada en porcentaje y agrupada en siete categorías: menos de 5 %, 5 a 9 %, 10 a 19 %, 20 a 29 %, 30 a 39 %, 40 a 49 % y 50 % o más.
El corte operativo está en el 10 %. Por debajo, la conducta es sostener el control de los factores modificables y repetir el tamizaje en el siguiente control periódico. Del 10 % en adelante corresponde pasar a la evaluación con exámenes de laboratorio y a valoración médica individual.
Hay una limitación que conviene tener presente y que la propia Organización Mundial de la Salud advierte: la versión sin laboratorio subestima el riesgo en personas con diabetes, porque esa variable no entra en el modelo. En una población laboral con diabéticos conocidos, el resultado de la tabla es el piso, no el techo.
Qué exige la norma ecuatoriana
Ninguna norma de seguridad y salud en el trabajo obliga, con esas palabras, a calcular el riesgo cardiovascular de los trabajadores. Lo que sí existe es la obligación general de vigilar la salud con método. El artículo 32 del Reglamento SISAT (Acuerdo Ministerial MSP 00004-2026) lo establece así, en su texto literal:
"Los profesionales de la salud, deben realizar la vigilancia de la salud aplicando normativa y/o protocolos nacionales y en su ausencia internacionales."
De ahí sale la cadena completa: la vigilancia de la salud se hace con protocolos nacionales, y el protocolo nacional para estimar riesgo cardiovascular es la guía del MSP con Globorisk. El mismo artículo reconoce el derecho del trabajador a evaluaciones médicas ocupacionales individuales, gratuitas, personales y confidenciales, e incluye la evaluación periódica como el momento natural para repetir el tamizaje.
Conviene recordar el límite: el resultado del tamizaje es un dato de salud y por tanto información confidencial del expediente médico. El empleador recibe el indicador agregado y las medidas preventivas que se derivan de él, nunca el diagnóstico individual. Esa separación es la misma que rige el certificado de aptitud dentro del programa de vigilancia de la salud: informa si la persona es apta para el puesto, sin revelar su condición médica.
Del dato individual al programa de la empresa
Un porcentaje aislado no cambia nada. Lo que convierte el tamizaje en gestión es agregarlo:
- Calcular el riesgo de toda la población evaluada a partir de la ficha médica ocupacional del período.
- Distribuir la nómina por categorías y obtener el porcentaje de trabajadores en 10 % o más, que es el indicador que se sigue en el tiempo.
- Cruzar con el puesto: un riesgo alto en un cargo administrativo y en un conductor de ruta larga tienen consecuencias operativas distintas.
- Definir las intervenciones sobre los factores que sí se pueden mover: tabaquismo, presión arterial y peso. Los tres son objeto de campañas y de seguimiento clínico, no de una charla anual.
- Medir de nuevo en el siguiente ciclo y comparar la distribución, no los casos.
Ese conjunto —tamizaje, indicador, intervención y remedición— es lo que se documenta como programa de vigilancia de la salud cardiovascular, y es lo que un inspector o un auditor puede revisar. Se apoya en los exámenes ocupacionales que la empresa ya realiza y en el servicio médico de empresa cuando corresponde por número de trabajadores.
Errores frecuentes
- Usar Framingham porque "es el conocido". No es el método que recomienda el MSP para Ecuador y sus resultados no son intercambiables.
- Aplicar la tabla fuera del rango de 40 a 74 años. El modelo no está calibrado ahí y el número deja de significar algo.
- Tratar el resultado como diagnóstico. Es tamizaje: identifica a quién conviene estudiar mejor, no dice quién está enfermo.
- Entregar al empleador la lista nominal de resultados. Es información confidencial de salud; lo que se entrega es el agregado.
- Medir una vez y archivar. Sin remedición no hay forma de saber si las intervenciones sirvieron.
Preguntas frecuentes
¿Qué escala de riesgo cardiovascular se usa en Ecuador?
Globorisk, en su tabla recalibrada para Ecuador. Así lo recomienda la Guía de Práctica Clínica de Hipertensión Arterial del Ministerio de Salud Pública (2019) y lo ratifican los Lineamientos operativos HEARTS del MSP (2021). La guía incluye una versión sin exámenes de laboratorio, en su Anexo 6.
¿Se puede calcular el riesgo cardiovascular sin exámenes de sangre?
Sí. La versión sin laboratorio usa edad, sexo, presión arterial sistólica, índice de masa corporal y condición de fumador. Es la que permite tamizar a toda una población laboral con los datos de la evaluación médica ocupacional. Con un resultado del 10 % o más corresponde pasar a la versión con laboratorio.
¿A partir de qué porcentaje se considera riesgo alto?
El corte operativo está en el 10 % a diez años: desde ahí se recomienda profundizar la evaluación con laboratorio y valoración médica. Las categorías superiores —20 a 29 %, 30 a 39 %, 40 a 49 % y 50 % o más— marcan prioridad clínica creciente.
¿La empresa puede conocer el riesgo cardiovascular de cada trabajador?
No de forma nominal. Es un dato de salud amparado por la confidencialidad del expediente médico ocupacional. El empleador recibe el indicador agregado de la población y las recomendaciones preventivas; la información individual queda con el profesional de la salud.
¿Cada cuánto debe repetirse el tamizaje?
En el ciclo de la evaluación periódica que corresponda al puesto según su exposición y la programación de vigilancia de la salud del servicio médico. Lo relevante para el indicador es mantener la misma frecuencia entre mediciones para que la comparación tenga sentido.

